El presidente Donald Trump ha firmado una nueva orden ejecutiva sobre inteligencia artificial (IA) que busca fomentar la innovación y la seguridad, marcando un cambio significativo en la gobernanza de IA desde la Casa Blanca. Esta medida, aunque busca un equilibrio, ha generado reacciones encontradas tanto de opositores como de defensores de una regulación más estricta.
Uno de los puntos clave de esta orden es la creación de un sistema de revisión voluntario. Las empresas tecnológicas están invitadas a compartir sus modelos de frontera con el gobierno para revisión, 30 días antes de su lanzamiento planeado. Este enfoque busca fomentar la colaboración sin imponer restricciones demasiado rígidas.
En contraste con la regulación obligatoria, la nueva política no establece la necesidad de licencias obligatorias para el despliegue de software. Sin embargo, se ha creado un centro de intercambio de ciberseguridad dedicado a la IA, cuyo objetivo es coordinar las comprobaciones de seguridad junto con el sector privado, fortaleciendo así la vigilancia sin ser intrusivo.
Aunque la orden actual es una versión más suave de una propuesta previa que Trump había archivado, que requería modelos 90 días antes de su liberación, aún representa un movimiento hacia una supervisión más sólida de la IA. Este cambio indica un alejamiento claro del enfoque previo más laxo de la Casa Blanca.
Además, el artículo menciona cómo Anduril, una empresa de tecnología de defensa, en colaboración con Meta, está desarrollando gafas inteligentes de realidad aumentada para aplicaciones militares. Estas gafas permitirán, entre otras cosas, ordenar ataques con drones mediante seguimiento ocular y comandos de voz, ilustrando cómo la tecnología de IA puede transformar la guerra moderna al optimizar la coordinación y toma de decisiones en el campo de batalla.



