SandIA (Buenos Aires, 14 de octubre de 2026).- Un equipo de la Universidad de Northwestern detectó la ráfaga rápida de radio (FRB) más lejana jamás observada, identificada como FRB 20240304B. La señal, captada inicialmente por el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica, proviene de una galaxia situada a 11.000 millones de años luz, según publicó Xataka.
La FRB más antigua y lejana detectada
La ráfaga se produjo cuando el universo tenía aproximadamente 3.000 millones de años, lo que la convierte en la FRB más antigua registrada. Supera ampliamente el récord anterior, cuya señal había viajado desde una distancia de 8.000 millones de años luz. El hallazgo fue posible gracias al Telescopio Espacial James Webb, que permitió rastrear la procedencia exacta de la emisión.
Qué son las ráfagas rápidas de radio
Las FRB son destellos de ondas de radio extremadamente intensos que duran apenas milisegundos. En ese lapso liberan más energía que la que genera el Sol en un año completo. Al atravesar el espacio, interactúan con nubes de gas, galaxias y estrellas en formación que las ralentizan. El análisis de esa ralentización aporta información sobre el gas y el polvo que atravesaron durante su trayecto.
Una galaxia joven y con alta formación estelar
La galaxia de origen es pequeña, pobre en metales y presenta una intensa formación de estrellas. Esa composición indica que se trata de un sistema joven, con pocas generaciones de estrellas. La luz ultravioleta que emite confirma la presencia de numerosas estrellas recién formadas y de otras en pleno proceso de gestación, de acuerdo con la información difundida por Xataka.
El vínculo con los magnetares
Los magnetares son estrellas de neutrones con un campo magnético muy potente. Su origen es objeto de dos hipótesis: la fusión de dos estrellas de neutrones más viejas o la muerte de estrellas jóvenes y masivas en regiones con alta formación estelar. Como se cree que los magnetares son la fuente de las FRB, este hallazgo respalda la segunda hipótesis. El descubrimiento demuestra que las herramientas actuales permiten estudiar estas señales a distancias mucho mayores que antes.