SandIA (Buenos Aires, 15 de octubre de 2026).- Los mineros del norte de Francia dejaron de alimentar en 1986 dos pirámides de residuos de 150 metros de altura en Loos-en-Gohelle. Cuatro décadas después, el complejo 11/19 se convirtió en un refugio de biodiversidad, según publicó Xataka.
El origen de las pirámides de esquisto
La historia comenzó en Loos-en-Gohelle, una localidad del Paso de Calais cercana a Lens, región marcada por la extracción de carbón. Durante décadas, las compañías mineras acumularon millones de toneladas de esquisto y otros materiales desechados hasta levantar dos enormes conos conocidos como terrils. Sus cumbres alcanzan aproximadamente los 186 metros sobre el nivel del mar y se elevan unos 150 metros sobre la llanura circundante, lo que los convierte en dos de las escombreras mineras más altas de Europa. Cuando la explotación terminó en 1986, quedaron como testimonio de una industria que transformó el paisaje.
Un clima mediterráneo accidental
El secreto de la transformación estaba en aquello que los mineros consideraban basura. El esquisto negro absorbe intensamente la radiación solar y sus laderas orientadas al sur funcionan como grandes captadores de calor, generando condiciones térmicas distintas de las de los campos circundantes. La superficie pedregosa y el drenaje rápido del agua favorecen ambientes cálidos y secos, similares a hábitats mediterráneos. Así, en una región de clima oceánico, las antiguas montañas de residuos crearon pequeños refugios climáticos para especies adaptadas al calor, informó Xataka.
Biodiversidad y aves migratorias
Con los años, las pendientes se poblaron de plantas y animales capaces de aprovechar esas condiciones. Aparecieron especies de ambientes secos y soleados, orquídeas silvestres y una notable diversidad de insectos. Los reptiles encontraron superficies rocosas para regular su temperatura y distintas mariposas aprovecharon los espacios abiertos. Según la documentación municipal de Loos-en-Gohelle, el complejo 11/19 alberga 159 especies animales y 190 vegetales. En otros depósitos de la región, como el de Dourges, los naturalistas descubrieron que funcionan como estaciones de descanso para aves migratorias.
La decisión política y el legado minero
Cuando las minas cerraron, Marcel Caron, alcalde de Loos-en-Gohelle entre 1977 y 2001, defendió la conservación de las escombreras frente a quienes preferían eliminarlas. Su iniciativa permitió preservar un paisaje que luego se convirtió en símbolo de la recuperación ambiental local. En 2012, el paisaje minero del Norte-Paso de Calais, incluidos los montículos de Loos-en-Gohelle, fue incorporado a la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Bajo el impulso de Jean-François Caron, hijo del anterior alcalde, surgieron proyectos de energía solar comunitaria y corredores biológicos.