SandIA (Buenos Aires, 18 de octubre de 2026).- El agua en contacto con la superficie de un microplástico genera de forma espontánea radicales hidroxilo, moléculas muy reactivas capaces de dañar proteínas y membranas celulares, según publicó un equipo de la Universidad de Columbia en Nature el 14 de octubre. El hallazgo pone en cuestión la idea de que el plástico es un material inerte que daña solo por acumulación mecánica.
Qué midió el equipo de Columbia y cómo lo comprobó
Según publicó el medio Wwwhatsnew sobre el trabajo, en la frontera entre el plástico y el agua se producen especies reactivas de oxígeno, sobre todo el radical hidroxilo, sin necesidad de luz ni de ningún reactivo añadido. El mecanismo que proponen los autores es que esa interfaz, donde las moléculas de agua están peor rodeadas que en el interior del líquido, facilita que un ion hidróxido pierda un electrón y se convierta en radical.
Los autores lo comprobaron de tres maneras: un colorante en contacto con poliestireno se degradó casi un 90 % en diez días y no se degradó en disolventes orgánicos; una técnica de resonancia detectó la presencia de radicales; y una sonda específica mostró la señal concentrada justo en la superficie de las partículas. Probaron seis plásticos habituales (polipropileno, polietileno, poliestireno, PVC, PET y PMMA) y todos generaron radicales.
La pauta entre los materiales y el dato de la tasa
El estudio encontró una pauta clara: cuanto más repele el agua el material, más activo es. El polietileno y el polipropileno fueron los más reactivos. La actividad persistía en medio salino, en medio de cultivo celular y en suero, y desaparecía al añadir un detergente. La propia cifra de los autores invita a la prudencia: estiman la producción en el orden de 0,1 a 1 nanomolar por minuto como cota mínima, una tasa baja pero sostenida en el tiempo.
Wei Min, autor sénior del trabajo y profesor de Química e Ingeniería Biomédica de Columbia, sostuvo que a medida que el plástico se rompe en trozos cada vez más pequeños su superficie aumenta enormemente y genera radicales que, según él, «muy probablemente contribuyen al daño biológico que vemos en animales y potencialmente en humanos». Sus cálculos, citados por NBC, indican que romper una tarjeta de crédito en partículas de una micra multiplica por más de mil la superficie expuesta al agua.
El daño demostrado en el tubo de ensayo y sus límites
En el laboratorio se observaron dos efectos. Las proteínas se acumulan en la superficie de las partículas y con una proteína concreta se formaron agregados; añadir cafeína, que neutraliza radicales, los evitó, lo que apunta a que los radicales son la causa. Al incubar glóbulos rojos de ratón con plástico, estos se rompieron en proporción a la actividad del material. Esta segunda prueba solo muestra una correlación y no se repitió añadiendo un neutralizador de radicales para confirmar la causa, algo que había pedido uno de los revisores.
El experto consultado por el Science Media Centre España, June-Woo Park, investigador del Instituto Coreano de Toxicología, consideró que la aportación clave es haber identificado el mecanismo y señaló como limitación que el estudio no examinó nanoplásticos, solo partículas de escala micrométrica. Para Park, la contaminación por nanoplásticos se considera más peligrosa que la de microplásticos.
Qué no dice el estudio y por qué la prudencia es central
El trabajo no incluye experimentos en seres vivos: todo es in vitro. Las dosis son muy altas, de miligramos de plástico por mililitro, muy por encima de las concentraciones ambientales o de las que se han medido en tejidos humanos. Se usó plástico virgen de laboratorio, y los propios autores observaron que el poliestireno más oxidado era menos activo, mientras que el plástico del ambiente casi siempre está envejecido. La parte teórica no cierra del todo el mecanismo, porque la energía necesaria para arrancar el electrón sigue siendo alta incluso en la interfaz.
Un químico ajeno al trabajo, Graham Cooks, de la Universidad Purdue, resumió el matiz en declaraciones a NBC News, vía Noticias Telemundo: no es el plástico el que reacciona, es el agua. El propio proceso de revisión publicado junto al artículo recoge que uno de los revisores lo consideraba una extensión bien hecha de la química de interfaces ya conocida y no un cambio de paradigma. Columbia ha solicitado una patente provisional basada en este trabajo.