SandIA (Buenos Aires, 15 de octubre de 2026).- Las fundadoras de Ricursive Intelligence, Anna Goldie y Azalia Mirhoseini, presentaron en TechCrunch Disrupt una startup que desarrolla inteligencia artificial capaz de diseñar chips, aprender de cada iteración y mejorar los diseños posteriores, según publicó TechCrunch.
El problema de la demanda de cómputo
Durante su exposición, Goldie afirmó que en los próximos cinco años la demanda de cómputo crecerá al menos 10.000 veces, una estimación que consideró "potencialmente conservadora". La fundadora sostuvo que no se deben construir 10.000 veces más centros de datos y que la solución pasa por fabricar chips más eficientes, que aprovechen mejor el ancho de banda de esas instalaciones y el uso de obleas y fábricas.
El objetivo declarado de la empresa es automatizar y acelerar el proceso de diseño de chips. Para Goldie, permitir que la IA se encargue del diseño permite que los humanos se concentren en desarrollar aplicaciones y explorar nuevas posibilidades que amplíen lo que se puede lograr con la computación. La fundadora describió un cambio de paradigma en el que las personas aportan ideas creativas y la ejecución queda en manos de la inteligencia artificial.
Diseños no convencionales y resultados previos
Las fundadoras señalaron que la IA desafía los métodos tradicionales de diseño de chips al descubrir distribuciones no convencionales que pueden superar a las convencionales. Como ejemplo, mencionaron AlphaChip, el sistema de IA que desarrollaron previamente, que produjo una disposición circular de componentes en forma de dona que sorprendió a los ingenieros pero finalmente resultó exitosa, según publicó TechCrunch.
En lugar de dividir los chips en docenas de bloques más pequeños, Ricursive Intelligence optimiza chips completos. Ese enfoque permite a la IA crear patrones intrincados, incluidos diseños ondulados, sobre los que las fundadoras prometieron compartir más detalles en el futuro. La empresa sostiene que este método podría hacer posibles chips que antes no eran viables.
El impacto en los plazos de diseño
Goldie explicó que si diseñar un chip nuevo lleva seis meses, un año o dos, es necesario ser extremadamente selectivo con los chips que se desarrollan. En cambio, si el diseño se puede completar en una semana y luego fabricar, sería financieramente viable crear chips personalizados para aplicaciones diversas como el espacio, la realidad aumentada, la realidad virtual y la computación biológica, con mayor eficiencia energética.
La propuesta de Ricursive Intelligence se enmarca en un contexto de creciente demanda de infraestructura de cómputo para inteligencia artificial. La empresa apuesta por que la automatización del diseño de chips acelere la innovación en hardware y reduzca los cuellos de botella del sector, de acuerdo con lo expuesto por sus fundadoras en el escenario de TechCrunch Disrupt.