SandIA (Buenos Aires, 14 de octubre de 2026).- La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos firmaron un acuerdo para desarrollar el primer reactor nuclear destinado a misiones espaciales, según publicó Wwwhatsnew el 14 de octubre de 2026. El plan prevé el Space Reactor-1 Freedom para 2028 y el Lunar Reactor-1 para 2030.
Los dos hitos del programa nuclear espacial
El Space Reactor-1 Freedom será un reactor de fisión de baja potencia diseñado para operar en órbita y alimentar plataformas de propulsión, con lanzamiento previsto para 2028. El Lunar Reactor-1 estará orientado a la superficie de la Luna para las bases permanentes del programa Artemis, con fecha objetivo en 2030. Ambos emplean tecnología de fisión nuclear de baja potencia, diferente de la propulsión por fusión que desarrollan laboratorios privados como Helion.
El impacto en los tiempos de viaje a Marte
Según los datos difundidos, con los motores químicos actuales un viaje a Marte dura entre 6 y 9 meses según la ventana orbital. Con propulsión nuclear térmica, donde el reactor calienta propelente en lugar de reacciones químicas, esa ventana se comprime a 3 o 4 meses. Eso reduce la exposición a radiación de la tripulación y el tamaño necesario de las reservas de consumibles, de acuerdo con la información publicada por Wwwhatsnew.
La antesala de las misiones al espacio profundo
La misión Dragonfly, aprobada por la NASA para estudiar la luna de Saturno Titán con un helicóptero robótico, tiene lanzamiento en 2028 y usa generadores de radioisótopos convencionales. El Space Reactor-1 está pensado para lo que venga después: misiones a los satélites helados de Júpiter o a los asteroides del cinturón exterior, donde ni los paneles solares ni los generadores de plutonio tienen potencia suficiente, indicó Wwwhatsnew.
La diferencia con el proyecto Prometheus
El programa nuclear espacial de la NASA registró un antecedente similar con el proyecto Prometheus, cancelado en 2005 por recortes presupuestarios. Según la fuente, lo que hace diferente este momento es la combinación de tres factores: el apoyo político bipartidista que no existía en 2005, la competencia con China y Rusia —ambos países tienen programas de propulsión nuclear espacial activos— y la presión de la industria privada, con SpaceX y Blue Origin que necesitan propulsión más eficiente para sus propias ambiciones más allá de la órbita terrestre.