SandIA (Buenos Aires, 12 de septiembre de 2026).- Vecinos del municipio de Ypsilanti expresaron su rechazo a un millonario centro de datos para investigación nuclear. La comunidad denunció la falta de consulta previa y alertó sobre el impacto ambiental del complejo.
Tensión en la audiencia pública
El conflicto estalló durante una asamblea informativa organizada por la Universidad de Míchigan para mitigar el malestar local. La institución se asoció con los científicos de armas atómicas de los Laboratorios Nacionales de Los Álamos para levantar un complejo tecnológico de 1.200 millones de dólares en el municipio de Ypsilanti. Los habitantes manifestaron su profunda preocupación por el desmesurado consumo de agua, el alza en las tarifas de electricidad, la contaminación sonora y el destino militar de las instalaciones.
Durante la reunión, la directora de la facultad de la universidad, Patricia Hurn, intentó defender la iniciativa asegurando que el superordenador servirá para investigar tratamientos contra el cáncer y mejorar la red eléctrica. Sin embargo, sus declaraciones provocaron abucheos y burlas entre los asistentes, quienes acusaron a la entidad académica de condescendencia y de ocultar información. La tensión escaló cuando los vecinos reclamaron respuestas directas sobre el impacto sanitario real en la zona residencial.
El debate sobre el tamaño y la escala del proyecto
Por su parte, el ingeniero principal del proyecto, Steven Ceccio, argumentó que el centro científico es significativamente más pequeño que los complejos comerciales estándar. Ceccio comparó la escala del proyecto con The Barn, una instalación de OpenAI de 56.000 millones de dólares ubicada en el municipio vecino de Saline. No obstante, un residente especializado en infraestructura tecnológica rebatió esta comparación, señalando que el proyecto se posiciona en el rango más alto de tamaño a nivel nacional.
Simulaciones nucleares sin armamento físico
La ausencia física de representantes de los Laboratorios Nacionales de Los Álamos incrementó la desconfianza vecinal. La institución envió una carta justificando la supercomputación como una herramienta esencial para simulaciones complejas. El documento aclaró que no se manipulará plutonio ni se fabricará armamento en Míchigan. Sin embargo, la entidad admitió que el centro participará activamente en programas de modernización nuclear, realizando modelos digitales para evaluar la seguridad de las reservas de armas existentes en el país.
La controversia sumó un ingrediente geopolítico cuando el abogado del municipio de Ypsilanti, Douglas Winters, calificó el futuro edificio como un objetivo militar potencial de alto valor para ataques con drones. Aunque los promotores desestimaron este calificativo en su misiva por considerarlo infundado, el asesor legal ratificó su postura. Winters recordó que el nombre del laboratorio estatal está históricamente ligado a la bomba atómica y que albergará ordenadores de máxima velocidad.




