El origen del runrún: un tuit sin trompetas
El 9 de septiembre, Jacob Coxon anunció su renuncia a Anthropic desde su perfil de X, donde luce gorra y media sonrisilla, sin Jinetes del Apocalipsis ni trompetas. No es el primero en decirlo, pero desde entonces, solo en Elpais.com, se publicaron una veintena de piezas poniendo en contexto el tuit. En redes, la cuenta se pierde. Expertos, políticos y opinadores debaten si el muchacho exagera: unos tranquilizan con que es marketing; otros asustan con armas biológicas.
La preocupación se coló hasta en la cola del pan: "Ponme un bollo también, por si el fin del mundo". Una amiga cuenta que le preguntó a ChatGPT y "nos quedan 10 minutos como especie". Millones hicieron lo mismo: mirar a los ojos al abismo. ¿Alguien canceló una reunión y corrió a abrazar a los suyos? Claro que no. Es lo que hacemos "como especie": seguir con la vida, aceptar las cookies y tirar para adelante.
De la ecoansiedad a la IAnsiedad: un concepto que se abre paso
Pero desde que apareció el imberbe jinete apocalíptico, un runrún reconcome a algunos. Quizás a los con pocos problemas acuciantes, o más blancos y ricos, o con más pelis de ciencia ficción en la alforja. Una noche ese rumiar —la papancha de la que habla el budismo— despierta con otro chiste: "Lo que tengo es IAnsiedad". Parecida a la ecoansiedad, la angustiosa impotencia ante la crisis climática, pero más misteriosa e inminente.
Es heredera de la furia ludita del XIX, que revolvió a obreros contra dueños de fábricas que los sustituían por máquinas, pero más sibilina, porque es falso el mantra de que la IA quitará el trabajo: serán los señores que así lo decidan. La inquietud no es nueva, lleva tanto como la tecnología misma. Pero no la ha frenado.
Voces expertas: de Eliza a los chatbots actuales
En el podcast Black Box (The Guardian), sobre los estragos en la salud mental que causaron ChatGPT, Grok o Gemini, habla la socióloga del MIT Sherry Turkle, que en los setenta estudió el programa Eliza (tatarabuelo de los chatbots) y avisó de la tendencia a atribuir sentimientos y consciencia a la IA. Ahora dice: "Las redes sociales vinieron a por nuestra atención, los chatbots a por nuestro apego". Y la IA general viene directamente a por nosotros, añade la IAnsiedad.
No es una reflexión sesuda, ni una reflexión siquiera. Como toda ansiedad, no busca solucionar nada (eso implicaría pensar más fuerte, protestar mejor, pero ¿cómo?), solo agobia. Pensar en bucle, medio en broma, sobre el p(doom) es más fácil que pensar derecho sobre la erosión democrática, la vulneración de la privacidad, la geopolítica de los chips, los excesos del tardocapitalismo. Es más épico y a la vez más frívolo. "Nos merecemos lo que nos pase", dice otra amiga sobre la extinción. Pidamos otro vino. Bailemos hasta caer. Hagamos el amor en vez de prompts.
Un eco de la pandemia y de 1939
Me recuerda a la pandemia, la que pensamos que sería la más excepcional de las batallitas que contaríamos a nuestros nietos. Y ahora resulta que igual no hay nietos para nadie. Otro mes de septiembre, en 1939, Jorge VI anunció al Imperio Británico que lo peor tampoco había pasado para ellos: "En esta hora grave, quizás la más fatídica de nuestra historia, por segunda vez en las vidas de la mayoría de nosotros, estamos en guerra". El discurso radiofónico fue tan emocionante que tiene hasta una película. Los IAnsiosos tenemos al chaval de la gorra. Como para no hacer chistes.



