SandIA (Buenos Aires, 18 de octubre de 2026).- Un equipo de investigadores describió una herida de lanza en la escápula de un neandertal que vivió hace 75.000 años y que fue sepultado en la cueva Shanidar, en lo que hoy es el Kurdistán iraquí.
El hallazgo de Shanidar A
Los restos fueron excavados en 2020 de la zona profunda del piso de Shanidar, un sitio ocupado por neandertales durante al menos 50.000 años antes de su extinción. Los huesos del individuo, llamado Shanidar A, conservan la perforación de una lanza de madera afilada que, según la descripción publicada, lo atravesó desde el frente hasta la espalda. El estudio, firmado por Emma Pomeroy y colaboradores de la Universidad de Cambridge, apareció en Scientific Reports y fue difundido por 404 Media.
Una herida fatal y otra que cicatrizó
Además de la lesión letal, el esqueleto presenta una herida facial severa que estaba parcialmente curada al momento de la muerte. Para los investigadores, ese detalle indica que el individuo recibió cuidados mientras se recuperaba de un daño que no fue mortal. El cuerpo, según el análisis, fue colocado con cuidado en un sector de la cueva que reúne restos de otros neandertales, lo que sugiere un entierro intencional.
Cuidado y violencia en el Paleolítico
El equipo sostuvo que la lesión en el hombro parece haber sido fatal, pero que la ubicación del cuerpo en un conjunto compacto de individuos neandertales depositados probablemente dentro de la memoria de sus contemporáneos refleja “un nivel de cuidado durante e inmediatamente después de la muerte”. El hallazgo suma evidencia sobre la capacidad de compasión y de rituales funerarios de los neandertales. También podría ser uno de los ejemplos directos más antiguos de violencia interpersonal en un homínido, si la muerte fue intencional.
La duda que persiste
Los autores admiten una dificultad central: no es posible distinguir si el golpe mortal provino de otro neandertal, de un miembro de nuestra especie Homo sapiens o de un accidente ocurrido durante la caza. Esa ambigüedad impide cerrar el caso como un homicidio premeditado. El estudio describe un trauma letal asociado a una sepultura, no una reconstrucción cerrada del episodio. La incógnita sobre la autoría y las circunstancias queda abierta.
